jueves, 4 de diciembre de 2008

Panorama para llorar

En ocasiones resulta necesario echar un vistazo a nuestro alrededor para poder comparar y hacernos una idea más ajustada de nuestra situación. El español medio huye de los alquileres y en nuestro subconsciente colectivo todos anhelamos tener un piso en propiedad, cómo si eso nos librara de los avatares del mercado o nos hiciera inmunes a las crisis. Pero en Europa existen otras formas de habitar y de pensar. Merece la pena echarles un vistazo.

Cada país tiene sus particularidades, a saber: densidad de población, recursos económicos, políticas sociales, extensión del territorio, accidentes geográficos...Sí, muchos condicionantes que hacen que las comparaciones no sean del todo justas. No obstante, cuando una idea es buena suele saltar las fronteras sin tener en cuenta la idiosincrasia de los pueblos o sus dificultades estructurales, simplemente se implantan porque son prácticas, eficaces o porque a otros se les ocurrió primero.

Por ejemplo, en Austria la vivienda protegida se asume como algo normal, un derecho inalienable del ciudadano. Así, si comparamos a su capital, Viena, con Madrid, salimos perdiendo por goleada. El contraste es brutal: 1,6 millones de vieneses disponen de 220.000 pisos de protección oficial mientras que los madrileños apenas suspiran por 25.000 pisos oficiales para una población de más de seis millones de personas. La edad media de emancipación en la capital austriaca es de 23 años frente a los 34 de Madrid.

En Alemania, más del 57% de la población duerme de alquiler frente al 7% de los españoles que eligen esta opción. Esto se debe a que en el país germano la legislación favorece al inquilino y sus políticas sobre el suelo siempre han sido responsables. Y eso sin olvidar que hablamos de una nación con más de 82 millones de habitantes y tienen que repartirse un territorio de menor tamaño que el nuestro.

En cuanto al precio del suelo, deberíamos fijarnos en las políticas del gobierno belga que han dejado el metro cuadrado a menos de 2.500 euros, o en otras palabras, más bajo que en Portugal, Ucrania, Rumanía y la mitad que en España. Los mandatarios belgas no han dejado espacio a la especulación urbanística. En nuestra defensa podríamos alegar que en ciudades como París es normal pagar hasta 300.000 euros por 46 metros cuadrados habitables, sí, carísimo, pero olvidaríamos un detalle importante: allí el poder adquisitivo es superior al nuestro.

Los trabajadores españoles ganan un 34% menos en términos absolutos que la media de la Unión Europea, según un informe de Adecco. Es fácil imaginar que en una España de mileuristas y con los precios de las viviendas tanto o más caras que en las grandes potencias, salgamos muy mal parados en la comparación. Podríamos seguir con otros países, pero de momento lo vamos a dejar aquí antes de que alguien empiece a llorar.

Javier Díaz Murillo

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