
La crisis inmobiliaria ha calado en todos los países, pero sus efectos no se producen de la misma manera. Existen distintos hechos que marcan la particularidad propia de cada lugar afectado. Por ejemplo, la garantía de una vivienda en Estados Unidos es la propia vivienda. Da igual que no puedas pagarla. Vas al banco que te ha prestado dinero y le devuelves las llaves. Ningún bien personal ejerce de aval. Por eso todo el mundo, hasta aquellos que no tenían ingresos ni patrimonio, pudieron acceder a una vivienda. Los bancos que otorgaban las hipotecas, y ahí se equivocaron, pensaron que el precio del activo (la casa) seguiría subiendo y que, aunque hubiera algunos clientes que no podrían pagar, al final la casa garantizaba el riesgo. Si era necesario estar dos años de carencia, no pasaba nada. El drama empezó aquí. He aquí las archiconocidas "hipotecas subprime" o hipotecas basura.
En España y gran parte de Europa para acceder a una hipoteca hay que desnudarse financieramente. Debes presentar todo tipo de justificantes y comprobantes sobre tus estados financieros. Las entidades fueron excesivamente laxas al ir al límite en la valoración del nivel de ingresos de los solicitantes y en las facilidades otorgadas; pero, al final del día, si alguien no cumple el pago, responde con todos sus bienes y el de su avalista, aparte de la vivienda. En España, por ejemplo, no se ha podido dar el caso de que accedieran a hipotecas las personas más desfavorecidas o gente con ingresos muy bajos. De ahí que, por ejemplo, haya tanta campaña promoviendo viviendas sociales.
Es de esperar que una de las decisiones que tome el Gobierno español, tras consultar con el Banco de España y otros organismos, sea cómo fiscalizar el nuevo sistema hipotecario. Posibilidades tiene muchas: desde la más liberal (dejar que las entidades sigan compitiendo libremente y que sea el mercado del dinero el que ajuste las tasas y mantenga viva la competencia) hasta el más controlador (establecer límites infranqueables en cada uno de los aspectos que definen el otorgamiento de una hipoteca). Este último caso impediría, de entrada, cerrar el mercado hipotecario a muchas unidades familiares.
Y se puede pedir un término medio. ¿Por qué no? A lo mejor se hace menos negocio, pero de eso ya hemos tenido un rato y estamos cansados. Un sistema mixto es posible. Aristóteles decía que la virtud se encuentra en el punto medio de todas las cosas.
En España y gran parte de Europa para acceder a una hipoteca hay que desnudarse financieramente. Debes presentar todo tipo de justificantes y comprobantes sobre tus estados financieros. Las entidades fueron excesivamente laxas al ir al límite en la valoración del nivel de ingresos de los solicitantes y en las facilidades otorgadas; pero, al final del día, si alguien no cumple el pago, responde con todos sus bienes y el de su avalista, aparte de la vivienda. En España, por ejemplo, no se ha podido dar el caso de que accedieran a hipotecas las personas más desfavorecidas o gente con ingresos muy bajos. De ahí que, por ejemplo, haya tanta campaña promoviendo viviendas sociales.
Es de esperar que una de las decisiones que tome el Gobierno español, tras consultar con el Banco de España y otros organismos, sea cómo fiscalizar el nuevo sistema hipotecario. Posibilidades tiene muchas: desde la más liberal (dejar que las entidades sigan compitiendo libremente y que sea el mercado del dinero el que ajuste las tasas y mantenga viva la competencia) hasta el más controlador (establecer límites infranqueables en cada uno de los aspectos que definen el otorgamiento de una hipoteca). Este último caso impediría, de entrada, cerrar el mercado hipotecario a muchas unidades familiares.
Y se puede pedir un término medio. ¿Por qué no? A lo mejor se hace menos negocio, pero de eso ya hemos tenido un rato y estamos cansados. Un sistema mixto es posible. Aristóteles decía que la virtud se encuentra en el punto medio de todas las cosas.
Patricia Molina Martínez

No hay comentarios:
Publicar un comentario