
Habitat, la quinta inmobiliaria más importante de España, solicita la suspensión de pagos. Con un pasivo de 2.300 millones de euros ya no puede hacer frente a tan gigantesca deuda. Bruno Figueras, presidente de esta compañía catalana, asumió esta deuda cuando compró a Ferrovial su división inmobiliaria. Con esta operación la empresa se convertía en una de las grandes del sector pero a la vez tendía su propia trampa.
Es sin duda la segunda mayor suspensión de pagos de la historia del sector, por detrás de la que presentó Martinsa-Fadesa el verano pasado. Habitat ya presentó a finales de mayo un ERE (expediente de regulación de empleo) para deshacerse de casi la mitad de una plantilla de 390 trabajadores. Con esta operación, la inmobiliaria une su nombre al nutrido grupo de empresas que están cayendo en el pozo de la crisis. Otra más.
Agravio comparativo
Tras la gris actualidad y como hoy hablamos de contrastes, tenemos que fijarnos en uno que es sin duda una gran metáfora del mundo en el que vivimos. Y es que existen categorías sociales, diferencias abismales en el tamaño de los bolsillos de los ciudadanos del planeta tierra. Nosotros habitamos en la zona de los que se hipotecarán de por vida o alquilarán con suerte una casa de 60 metros cuadrados por 1.200 euros al mes, otros, los menos, flotan entre nubes de algodón y necesitan dormir en una cama de diamantes para satisfacer su ego. Hablamos del magnate indio Mukesh Amban, el quinto hombre más rico del mundo. ¿Qué pecado ha cometido este señor?
Pues que tiene previsto trasladarse a su nueva mansión, que se convertirá en el 2009 en la mayor vivienda del mundo. La casa tendrá una altura de 173 metros y un espacio residencial de 4.778 metros cuadrados. Los seis primeros pisos estarán destinados a un parking con capacidad para 168 coches; otras dos plantas se convertirán en zonas de ocio con piscinas y jardines, habrá un cine para 100 personas, zonas deportivas y un helipuerto en la azotea (para evitar el molesto tráfico de Mumbai, siempre tan desagradable).
Esta obra faraónica tiene nombre propio: Antilia. Según muchos periodistas indios, la nueva mansión supone un insulto a los pobres de un país que tiene a 300 millones de personas malviviendo con menos de un dólar al día. El precio de este capricho, diseñado por los arquitectos de la firma estadounidense Perkins & Will, rondará los 800 millones de euros. Sin embargo, el insulto no sólo viene por el desorbitado desembolso.
Resulta que en la casa van a vivir sólo seis personas: el propio Mukesh Amban, su mujer, sus tres hijos y su madre. Como buen hijo, para la matriarca se destina una planta entera atendida por decenas de sirvientas, ya se sabe, una madre es una madre. A estas alturas, ya sabemos que esta inversión podría dedicarse a obras más humanas y menos egocéntricas, pero no todos pensamos igual.
Ya que se están poniendo límites a los sueldos de los altos ejecutivos de los bancos, ¿no cabe limitar también estas excentricidades? Es un agravio comparativo, no sólo con los pobres sino con la inmensa mayoría de los ciudadanos.
Javier Díaz Murillo

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